Discursos 1910-1918


1910 -1911 -1912 -1914 -1915 -1916 -1917 -1918

 

La oratoria fue un género que Ricardo Flores Magón (RFM) frecuentó desde sus años de estudiante. Existen referencias de sus improvisados discursos en las movilizaciones estudiantiles de 1892[1] y de aquel que ofreció en una de las sesiones del Club Liberal Ponciano Arriaga, en el Teatro de la Paz de la ciudad de San Luis Potosí en los primeros días de febrero de 1901. Aunque una sola frase de este último, reiterada ante el azoro del público asistente, quedó registrada, la cual dejó su impronta en quienes en ese lugar la escucharon: “La administración de Porfirio Díaz, es una madriguera de bandidos”.[2]

Habrían de pasar 10 años repartidos entre las cárceles de la ciudad de México y un exilio de persecuciones y nuevos arrestos y encierros carcelarios para que Flores Magón encontrara de nueva cuenta una audiencia receptiva a sus dotes oratorias. Y la encontró en la ciudad de Los Ángeles, Calif., en las comunidades de trabajadores mexicanos, italianos y judíos ahí residentes, y entre los angelinos sajones de convicciones socialistas y radicales que en esos momentos acariciaban la idea de arrebatar, por la vía de las urnas, el gobierno de la ciudad, hasta entonces en manos de la oligarquía conservadora encabezada por el dueño de The Los Angeles Times, el general Harrison Gray Otis, y que veían con simpatía y solidaridad los esfuerzos revolucionarios de los mexicanos dentro y fuera del país.

Se trata de discursos marcados por la coyuntura política. En el primero de ellos: “Discurso pronunciado el 16 de septiembre de 1910”, a partir de la reactualización imaginaria de Miguel Hidalgo, vincula los días anteriores al inicio de la gesta independentista con el ambiente prerrevolucionario que se vivía exactamente un siglo después.

“En pos de la libertad”, leído tres semanas antes del inicio formal del levantamiento maderista, anuncia las dos fuerzas que se confrontarán con el despotismo porfirista: una minoría proletaria consciente y la oposición burguesa conservadora, la primera aglutinada en torno  al Partido Liberal Mexicano (PLM) y la segunda en torno al Partido Nacionalista Democrático (reyista) y el Partido Nacional Antirreeleccionista (maderista). Augurando, asimismo, que en México habría de desarrollarse la primera revolución social del siglo.

En el discurso “En memoria de Francisco Ferrer Guardia” pronunciado un año después, el 13 de octubre de 1911, en el segundo aniversario del fusilamiento del pedagogo español, RFM reconstruye la experiencia del creador de la Escuela Moderna, para refrendar “que por la vía pacífica se llega seguramente al martirio, pero no a la victoria”. Tres días después, en una carta sin destinatario, hace explícito el sentido de esa reivindicación de la violencia revolucionaria:

es preciso asimismo mantener al país en un estado de conmoción, y tenemos que conseguir que de ahora en adelante no haya paz en el campo hasta que algo se consiga para los trabajadores. La revolución se prolongará durante varios años. Muchos gobiernos se sucederán uno a otro en el curso de unos cuantos meses hasta que la Revolución Social haya acumulado suficiente fuerza para triunfar. Durante la reciente revolución de [Francisco I.] Madero no había tantos liberales conscientes como hay ahora; y, en un plazo de dos, tres, cuatro o cinco años, habrá más, hasta que […] consigan su libertad.[3]

Semanas más tarde, en un marco semejante, el del aniversario de los Mártires de Chicago de 1887, el mensaje es reiterado:

La fuerza es el derecho de los hartos: ¡pues que sea la fuerza el derecho de los hambrientos! Así hablan los rebeldes que en estos momentos, en México, hacen pedazos las leyes solapadoras de los crímenes de los de arriba, incendian los archivos en que duermen los papelotes que amparan el robo de los ricos, ejecutan a las autoridades defensoras del privilegio y ponen la reata en el pescuezo de los que hasta ayer fueron los amos de los pobres, y gritan al pueblo: “Eres libre; organiza por ti mismo la producción y sé feliz, tanto cuanto puedas”.

El primero de junio de 1912, a sólo tres días del inicio del juicio en el que, junto a su hermano Enrique, Anselmo L. Figueroa (ALF) y Librado Rivera (LR), será condenado a 23 meses de prisión por la violación de las leyes de neutralidad, RFM utiliza la tribuna para denunciar, en un discurso que Regeneración intitulará “México devorado por el capitalismo americano”, dos de los mecanismos de los que hizo uso el gobierno de los Estados Unidos para apoyar al gobierno de Francisco I. Madero: permitir el paso de tropas federales mexicanas por su territorio para abatir a las fuerzas rebeldes y “esa legislación bárbara que lleva el nombre de leyes de neutralidad” para perseguir en territorio estadunidense a los revolucionarios. Cabe resaltar que en este discurso la intervención norteamericana es vista como el resultado de la presión de “la burguesía internacional y los gobiernos de todos los países” que empuja “al Gobierno de los Estados Unidos a intervenir en nuestros propios asuntos, con el pretexto de garantizar la vida y los intereses de los explotadores extranjeros”.

Año y medio más tarde, el 14 de febrero de 1914, el Centro de Estudios Racionales de la ciudad de Los Ángeles organiza un acto de bienvenida a un Ricardo recién liberado, ocasión que aprovechará para “explicar que el movimiento mexicano es una verdadera revolución social” y para atacar la interpretación, ya para entonces dominante, que la reduce al “resultado del choque de las ambiciones de caudillos que aspiran a la Presidencia de la República”, caudillos a los que describe como “la espuma que la ebullición arroja a la superficie”. Interpretación, ésta, que empataba con los dos mecanismos utilizados en los días por venir por el gobierno de los Estados Unidos para intervenir ante la llamada “guerra de facciones”: la derogación de la prohibición de exportación y venta de armas y municiones a México y la intervención armada directa. El discurso fue titulado por Regeneración: “Orientación de la Revolución mexicana”.

A fines de mayo de ese año, cuando la bandera de las barras y las estrellas ondeaba ya en el puerto de Veracruz, el Comité Pro Liberación de los Presos de Texas invita a RFM a uno de sus mítines. En él, de nueva cuenta, hace una lectura de la intervención americana como una reacción temerosa ante “la chispa que arde en México”, y como “un juego militar que tiene por objeto entretener, por ese lado, las fuerzas mexicanas que se oponen a la invasión, mientras Carranza y Villa pueden avanzar sin gran tropiezo hacia el corazón del país”. Es en ese contexto que RFM hace aquí un llamado a la defensa de los llamados Mártires de Texas, el último grupo de liberales que, en septiembre de 1913, al mando de Jesús M. Rangel, buscó entrar a territorio nacional desde Texas para intervenir en la gesta insurreccional, y que, arrestados y próximos a ser enjuiciados, enfrentaban la posibilidad de la pena capital. Y pone asimismo énfasis en la doble moral de la justicia burguesa y la condición de la población mexicana en los Estados Unidos:

¿Quién de vosotros no ha recibido un ultraje en este país, por el solo hecho de ser mexicano? ¿Quién de vosotros no ha oído relatar los crímenes que a diario se cometen en personas de nuestra raza? ¿No sabéis que en el sur de este país no se permite que el mexicano se siente, en la fonda, al lado del norteamericano? ¿No habéis entrado a una barbería donde se os ha dicho, mirándoos de arriba abajo: “aquí no se sirve a los mexicanos”? ¿No sabéis que los presidios de los Estados Unidos están llenos de mexicanos? ¿Y habéis contado, siquiera, el número de mexicanos que han subido a la horca en este país o han perecido quemados por brutales multitudes de gente blanca?

Un par de meses después, en julio de 1914, un Ricardo enfermo, viaja a Santa Paula, Cal., en busca de recuperación. Ante los simpatizantes del PLM de la región, en un discurso que será intitulado “El miedo de la burguesía es la causa de la Intervención”, reitera su llamado a la defensa de los Mártires de Texas. Y, si su discurso del pasado mayo había terminado con este llamado:

declarémonos en huelga por un día como una demostración de protesta contra la persecución de aquellos mártires, y si ni protestas, ni defensas legales valen; si ni la agitación y la huelga producen el efecto deseado de poner a los catorce prisioneros en absoluta libertad, entonces insurreccionémonos, levantémonos en armas y a la injusticia respondamos con la barricada y la dinamita.

En Santa Paula, RFM cerró con las siguientes palabras: “Unámonos todos los desheredados resueltos a ser respetados o a morir. Y gritemos a la burguesía ensoberbecida: ¡justicia o rebelión! ¡Viva Tierra y Libertad!”

El 19 de septiembre de 1915, a unos días de reanudar la publicación de Regeneración, tras medio año de silencio y ante el evidente reconocimiento de los Estados Unidos del gobierno de Venustiano Carranza, Flores Magón pronuncia un discurso más, que será reproducido con el título de “La patria burguesa y la patria universal”. En él se reivindica la distancia entre la masacre europea del momento y la Revolución mexicana:

la Revolución que nació en México, y que vive aún como un azote y un castigo para los que explotan, los que embaucan y los que oprimen a la humanidad, extenderá sus flamas bienhechoras por toda la tierra y en lugar de cabezas de proletarios rodarán por el suelo las cabezas de los ricos, de los gobernantes y de los sacerdotes, y un solo grito subirá al espacio escapado del pecho de millones y millones de seres humanos: ¡Viva Tierra y Libertad!

Ante la reelección de Woodrow Wilson, la inminente entrada de los Estados Unidos a la gran guerra, la represión contra los movimientos antibelicistas y la agudización de la confrontación del villismo y carrancismo, RFM denuncia en “La Rusia americana”, la persecución de sus camaradas anarquistas en suelo estadunidense, y termina con un llamado que quedará sin respuesta: “Hermanos de cadenas: a la huelga de protesta por la libertad de nuestros hermanos, y si ni así ceden nuestros tiranos, entonces ¡a las armas!”

La represión en contra del grupo de Regeneración no tardó en tocar a la puerta: el 6 de agosto Raúl Palma es apresado mientras dirigía la palabra a un grupo de trabajadores mexicanos en La Placita de Los Ángeles. El título del discurso impartido en un mitin organizado por la Liga Internacional de Defensa de los Trabajadores a fines de mayo de 1917 resume el ambiente reinante: “Ver, oír y callar”.

Con similar contenido, pero bajo la certeza de que la Revolución rusa está por estallar, Ricardo vuelve a participar en otro mitin, esta vez organizado, el 10 de junio de 1917, por el Comité Latino de la Liga Internacional de Defensa de los Trabajadores: “En vísperas de la gran Revolución”, se intitula el discurso que termina con estas palabras: “Y el león comienza a rugir y a sus rugidos tiembla la tierra. El caos se aproxima. ¡Viva la Revolución Social! ¡Viva la Anarquía!”

Sin embargo, el inminente estallido revolucionario en Rusia no es suficiente para agitar a las masas trabajadoras de la California, y en el sexto aniversario de la promulgación del Manifiesto de 23 de Septiembre de 1911, celebrado en el poblado agrícola de El Monte, las palabras de RFM reflejan el ambiente que se vivía en los círculos radicales de los trabajadores mexicanos:

Somos nosotros, los pobres, los que remachamos nuestras propias cadenas, los causantes del infortunio propio y de los nuestros. El anciano que tiende la mano temblorosa en demanda de un mendrugo; el niño que llora de frío y de hambre; la mujer que ofrece su carne por unas cuantas monedas, son hechura nuestra, a nosotros deben su infortunio, porque no sabemos hacer de nuestro pecho un escudo, y nuestras manos, acostumbradas a implorar, son incapaces de hincarse, como tenazas, en el cuello de nuestros verdugos.

Semejante es el tono de “Por la justicia”, un discurso en defensa nuevamente de Odilón Luna, que habría de ofrecer RFM en el local del Centro de Estudios Racionales de Los Ángeles, el grupo que mayor cercanía mantuvo, desde su fundación en 1912 y hasta al final, con el fundador de Regeneración: “Si los oprimidos no hacemos nada por salvar a los nuestros, bien merecemos ser esclavos”. Este discurso fue pronunciado el 17 de febrero de 1918 y reproducido en el número 262 del semanario revolucionario, con fecha del 16 de marzo de 1918. Cinco días después, junto con LR, RFM es arrestado en la imprenta de Regeneración de Edendale, acusado de violación del Acta sobre el Enemigo del 6 de octubre de 1917, descritos ambos por la prensa angelina como “miembros de un culto antipatriótico”. RFM murió en la cárcel de Leavenworth, Kansas, seis años después, el 22 de noviembre de 1922.

Jacinto Barrera Bassols


[1]Véase “Behind the Bars”, The Appeal to Reason, Girard, Kan. (9 de enero de 1909).

[2]Véase Santiago R. de la Vega, “Elogio y defensa de Juan Sarabia”, en México Nuevo, México, D.F., 22 de noviembre de 1922.

[3]Ricardo Flores Magón, [s.d.], [s.l.], 16 de octubre de 1911.