Acta de una reunión del Club Liberal Ponciano Arriaga (marzo de 1903)[1]

Recordando que de algún tiempo a esta parte viene siendo el Club teatro de acaloradas y casi enojosas discusiones sobre la cuestión de su falta de derecho para tratar de personalismo, el señor licenciado Antonio Díaz Soto y Gama propuso que se llegara, para bien de la causa y prestigio del Club en general y de sus miembros en particular, a una transacción sobre ese punto.

El señor Santiago de la Hoz, considerándose aludido por haber sido el que con más fogosidad sostuvo la fundación de un Club antirreeleccionista, y de Excélsior,[2] periódico del mismo carácter, contestó inmediatamente.

Dijo que esos deseos del señor Díaz Soto, eran de fácil realización, puesto que bien podía el señor Díaz Soto y los que como él opinaban, comprender que la fundación de un periódico antirreeleccionista no era contraria a los estatutos del Club, que decían que debía excitarse a los ciudadanos a que ejercitaran sus derechos, sobre todo los electorales; que él como ciudadano y en uso de sus derechos como tal fundaba su periódico sin creer que el Club pudiera reprochárselo. Fueron recibidas sus palabras con muestras de asentimiento por muchos miembros del Club.

El señor Arriaga manifestó entonces que era cierto que existía el artículo al que se refirió el señor de la Hoz; pero que no era lo mismo que este ciudadano en lo particular ejercitara sus derechos, a que, formando grupo, apareciesen como redactores del periódico Excélsior varios de los principales socios del Club Ponciano Arriaga.

El señor Díaz Soto tomó la palabra y dijo que, para robustecer los argumentos del señor Arriaga, manifestaba que, al aparecer haciendo un trabajo netamente personalista, podría el público, el país todo, creer que el Club Ponciano Arriaga era el que, por medio de sus miembros y faltando a su programa y a la sinceridad, hacía estos trabajos. Que por esto la Nación, quizá con sobrada justicia, tacharía al Club y a sus miembros de abrigar ruines ambiciones y de haber engañado al pueblo, haciendo trabajos personalistas después de haber manifestado que trabajaba sólo por principios.

El señor Sarabia ( Juan) se apresuró a contestar al Sr. Díaz Soto. Manifestó que no eran justos ni lógicos los razonamientos del preopinante, que le parecía pueril que por el solo temor de hacerse acreedores a una injuria más de los enemigos, fueran los partidarios del antirreeleccionismo a renunciar a sus derechos de ciudadanos y a sus deberes de periodistas, absteniéndose de atacar la sexta reelección del Gral. Díaz. Admitió que en el Club Ponciano Arriaga no pudieran ocuparse de personalismos, pero expresó que los seis o siete individuos que iban a escribir en Excélsior no eran el Club, y que por tanto, repetía, eran absurdas las apreciaciones del Lic. Díaz Soto.

Protestó con acaloramiento el señor Díaz Soto y manifestó que los señores antirreeleccionistas eran los que por completo se alejaban de la razón. Repitió que no era en lo individual como no se podía hacer trabajos personalistas, según los estatutos del Club. Que por lo que le parecía inconveniente el trabajo de Excélsior era porque, figurando en ese periódico gran número de miembros de la directiva del Club, podía creer el público que ese trabajo era del mismo Club, pero hecho por algunos de sus socios. Que él protestaba contra eso; que esos socios que pretendían, con su conducta, traer el desprestigio al Club Ponciano Arriaga merecían una acre censura de la agrupación…

No lo dejó concluir el señor Ricardo Flores Magón, que expresó que si el Club censuraba la conducta de los miembros que daban muestras de civismo y de energía, el Club se mostraría demasiado tímido y poco valeroso.

El señor Cravioto, como moción de orden, manifestó que la discusión se desviaba por el inusitado acaloramiento de los que hablaban; que se trataba precisamente de llegar a un acuerdo y que los señores que hablaban, de exaltación en exaltación, iban llegando a un grado incorrecto. Que por tanto suplicaba al señor Díaz Soto hiciera la proposición respecto al acuerdo que se deseaba.

El señor Díaz Soto, concediendo la razón al señor Cravioto, dijo que el acuerdo que pensaba proponer era, en resumen, que los antirreeleccionistas hicieran sus trabajos como quisieran y con independencia del Club Ponciano Arriaga; pero que éste hiciera constar que esos trabajos antirreeleccionistas no eran suyos sino de un grupo de sus miembros que lo hacían en lo personal. Que esto no podía tomarse como cobardía, ni por parte del Club, ni por parte de quien hacía la proposición.

Después de ligera discusión se aprobó lo anterior, y a moción del

señor Rosalío Bustamante se acordó la publicación del acta de la presente sesión, por medio de la prensa, a fin de que la nación viera cuál era la situación verdadera del Club, y la de aquellos de sus miembros que hacían trabajos antirreeleccionistas; esto es, personalistas.

El señor Arriaga manifestó que, antes de terminar, consideraba preciso hacer constar que él y creía que todos los que habían sido de opinión contraria a los allí llamados antirreeleccionistas no habían significado con su oposición, que aceptaran la reelección del General Díaz, a la que consideraba, en lo particular, funesta para el país y contraria a la democracia. Que, como miembro del Club había relativamente combatido a los redactores de Excélsior, por lo que se refiere al Club, cuyo trabajo no debe ser personalista sino doctrinario, con labor de enseñanza y de regeneración.

El señor Díaz Soto expresó calurosamente que también esperaba que no se le considerara partidario de la vergonzosa reelección, y se adhirió en todas sus partes a lo expresado por el señor Arriaga.

La señora Juana B. Gutiérrez de Mendoza dijo que le parecía inútil hacer constar su odio a la reelección, puesto que todos conocían su periódico Vésper[3] en el que siempre ha venido atacando enérgicamente al actual gobierno.

Todos los socios, sin excepción, manifestaron acaloradamente que no se les debía considerar como reeleccionistas, puesto que todos ellos habían demostrado siempre su amor a los principios republicanos, incompatibles con la reelección.

Para la publicación del acta la señora de Mendoza y el señor Sarabia ofrecieron respectivamente las columnas de Vésper y El Hijo del Ahuizote,[4] y aceptándose su proposición, por la que se les dio las gracias, se levantó la sesión a las 11.35 p.m.

 

Camilo Arriaga, Presidente. Juan Sarabia, 1er. Secretario

 

 

 

[1] El Hijo del Ahuizote, México, D.F., núm. 843, 22 de marzo de 1903.

[2] ¡Excélsior!, México, D.F. (abril-junio de 1903). Director: Santiago de la Hoz. Redactores: RFM, Juan Sarabia, EFM, Rosalío Bustamante, Luis Jaso, Alfonso Cravioto y Francisco César Morales. Oficinas ubicadas en Chiconautla 25.

[3] Vésper, “Justicia y libertad”, Guanajuato (1901), México, D.F. (1903, 1905, 1910 y 1932), Laredo, Tex. (1904), San Antonio, Tex. (1904-1905). Director: Juana Belén Gutiérrez de Mendoza. Colaboradores: Elisa Acuña y Rosete, Santiago de la Hoz.

[4] El Hijo del Ahuizote, “Semanario feroz, aunque de nobles instintos, político y sin subvención como su padre, y como su padre matrero y calaverón (No tiene madre)”. México, D.F. (1885-1903). Directores: Daniel Cabrera, Florencio Castro, José L. Méndez, Néstor González, Juan S. Díez, Remigio Mateos, Juan Sarabia. Redactores: Manuel de la Fuente, Jesús Masiño, Miguel Gallardo, José P. Rivera, Fernando Rivera, Enrique M. de los Ríos, Gabriel González Mier, Pedro Castera, Inocencio Arriola, Nicolás San Martín, Antonio Albarrán, Juan y Emilio Arriola, Ángel T. Montalvo, Fernando Celada, Leonardo de Pardo, Aurelio Garay, Evaristo Guillén, R y EFM, Federico Pérez Fernández. Dibujantes: Daniel Cabrera, Jesús Martínez Carreón, Santiago Hernández y Jesús Olvera Medina. Dejó de circular del 1 de julio de 1900 al 20 de enero de 1901. Reapareció el 16 de julio de 1902, suspendió su tiraje en septiembre y lo reinició el 23 de noviembre. El 9 de junio de 1903 los tribunales prohibieron definitivamente su circulación.