Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. Circular (26 de mayo de 1906)[1]

No es la primera vez que esta Junta tiene la honra de dirigirse a la prensa nacional independiente, animada por el ardiente propósito de coadyuvar a que se establezcan entre los miembros del oprimido periodismo lazos de unión y de solidaridad que los fortalezcan para llevar a cabo la alta misión redentora que corresponde a la prensa honrada desempeñar en países como éste y en tiempos aciagos como los que corren. Consideramos que para la realización de tan benéfico ideal no sobra ningún esfuerzo: por eso reiteramos los nuestros, abrigando, por otra parte, la seguridad de que no serán despreciados ni desatendidos por los que conozcan la excelsa significación del periodismo y comprendan lo que puede pesar en la regeneración de nuestro pueblo la labor de una prensa vigorosa y bien orientada, potente para resistir todas las persecuciones con que se pretenda someterla al silencio y a la inacción.

Hoy la prensa es débil: no hay ciudadano que no lo vea ni periodista que no lo sienta. El escritor público, aislado, abandonado, visto con indiferencia hasta por sus mismos colegas, está completamente a merced de las arbitrariedades del Poder, y nunca podrá tener la seguridad de vivir tranquilamente a menos que se resuelva a renunciar a todos los más nobles atributos de su profesión y a ser un paria sin opiniones ni ideales, en vez de un paladín de virtudes y fustigador de crímenes. Tal es el dilema: o el periodista cumple su noble misión, ilustra al pueblo, lucha por la justicia y combate la maldad dondequiera que se encuentre y entonces tiene que sufrir las vejaciones del crimen encumbrado, o acepta la paz que el Poder implacable sólo concede a los sometidos, y entonces tiene que traicionar su misión de enseñanza y de lucha encubriendo todo engaño y callando ante todo abuso. A esta situación ha llegado la prensa porque nunca ha opuesto una resistencia seria al Poder que pretende desmembrarla; y si no ha opuesto esa resistencia salvadora es porque no ha conocido esa gran clave de todas las fuerzas: la unión. Cada uno de nuestros periodistas está aislado; ni presta apoyo a la colectividad, ni lo recibe de ella; por eso los miembros de nuestra prensa, en conjunto o en particular presentan tan doloroso espectáculo de debilidad y por eso la tiranía se ceba en ellos con tanto desenfreno, con tanta frecuencia y con tanta facilidad. Cada vez que la garra de la arbitrariedad se tiende sobre un periodista lo encuentra solo; lo aplasta sencillamente, coge a otro que está tan solo como el primero y lo aplasta con la misma sencillez y sigue cogiendo y aplastando a cuantos quiere, porque todos están aislados, desamparados, indefensos; porque todos carecen de un apoyo que los sostenga; porque la colectividad a que pertenecen —ese poderoso ariete que se llama Prensa—, no levanta la voz como un solo hombre para protestar contra los atentados y fustigar las injusticias de que son víctimas sus miembros.

Dadas las condiciones de nuestro país en la época actual, casi no habrá periodista que no haya sufrido alguna persecución y que no haya sentido entonces en torno suyo ese triste vacío de que hablamos y que no tiene otra causa que la falta de solidaridad reinante entre los que son, precisamente, los más necesitados de unión y de apoyo mutuo. Si el periodista gozara de amplias libertades y pudiera cumplir, sin ningún peligro, los deberes de su difícil apostolado; si su profesión le acarreara prosperidad y no sinsabores, deleites y no peligros, en buena hora que no se preocupara por los beneficios de la unión; pero cuando sucede todo lo contrario, cuando el periodista, si es honrado, sólo tiene en perspectiva cárceles y penalidades, debe y necesita preocuparse por buscar un apoyo, por levantar una barrera entre él y sus poderosos enemigos, por dejar de ser la arena que barren todos los vendavales y convertirse en el componente de un conjunto firme y sólido, que pueda resistir sin doblegarse los más fuertes embates.

Para que la prensa mexicana llegue a ocupar el puesto a que está llamada, para que cumpla la excelsa misión de luz y de justicia que de ella reclaman las tristes circunstancias de la Patria, para que sea la prensa vigorosa e invencible que se impone a los tiranos y redime a los pueblos, es preciso, ante todo, que la solidaridad una estrechamente a todos los periodistas con sus hermosos y potentes lazos. Decimos periodistas; no asalariados del Poder que son indignos de tan noble título, no mercenarios de pluma, cuyo contacto los hombres honrados deben rechazar con repugnancia; cuando la solidaridad sea perfecta entre los periodistas de México, la prensa nacional será entre nosotros, como en otros pueblos más dichosos y libres, el Cuarto Poder que las democracias anhelan y las tiranías persiguen, porque no es, en realidad, sino el freno de los otros poderes.

Anhelando llegar a esa perfección, daremos ahora el primer paso en el camino de la solidaridad. No nos será difícil. No se necesitan para ello acuerdos y reglamentaciones: sobra con buena voluntad, despojada de todo egoísmo. No es preciso decretar la solidaridad: basta con ejercitarla.

En distintas cárceles de la República hay en la actualidad periodistas presos arbitrariamente, que hasta hoy han esperado en vano de sus colegas un acto de fraternidad, que se encuentran desamparados, y que sienten sin duda con amargura en torno suyo ese negro vacío de la indiferencia general que por tanto tiempo ha sido el único premio para los que caen tras una lucha llena de abnegaciones y sacrificios. Los indomables periodistas, Tomás Pérez Ponce[2] y Carlos P. Escoffié Z.,[3] por clamar contra la esclavitud que existe en Yucatán para los jornaleros, llevan ya cerca de año y medio en la penitenciaría de Mérida, no obstante que el delito de que se les acusa sólo está penado con un año de prisión como máximo; el señor José A. Vadillo,[4] igualmente defensor de los esclavos del henequén, tiene cerca de un año en la misma penitenciaría; el abnegado luchador, sr. profesor Adolfo C. Gurrión,[5] que no hace mucho fue víctima de graves atropellos, nuevamente se encuentra preso en la cárcel de Oaxaca por sostener el democrático principio de la no reelección, y el perseverante e indomable paladín de los derechos del pueblo, D. Paulino Martínez,[6] sufre una vez mas en la cárcel de la Capital de la República las consecuencias de combatir el despotismo.

Es deber de la prensa honrada defender a estos periodistas, dar a conocer al público la situación en que se encuentran y excitar a los patriotas a que les proporcionen los auxilios que necesitan. Estos escritores son pobres porque son honrados; tienen familias que sostener y no pueden hacerlo porque la prisión que sufren los priva de recursos al privarlos de la libertad para trabajar. El Padre Clarencio[7] del sr. Escoffié; Verdad y Justicia[8] de los sres. Pérez Ponce y Vadillo, y La Semecracia[9] del sr. Gurrión, han tenido que suspender su publicación como resultado del encarcelamiento de sus redactores; sólo el sr. Martínez, cuya prisión es la más reciente, ha continuado publicando La Voz de Juárez,[10] pero no podrá hacerlo mucho tiempo si sus correligionarios no lo ayudan eficazmente. ¿Es justo que cinco periodistas perseguidos sólo por defender la razón y la justicia permanezcan desamparados en su infortunio, abandonados hasta por sus colegas, hasta por sus compañeros en la noble y penosa labor del periodismo independiente?

Ésta es la ocasión de que la prensa comience a hacer efectiva la solidaridad que debe reinar entre sus miembros. ¡Que los luchadores citados encuentren hoy la defensa y el auxilio que merecen, y que en lo sucesivo, cada vez que un periodista sufra un atropello la prensa toda proteste contra la injusticia y procure a la víctima el apoyo moral y material que debe otorgarse a los que sufren por el bien común! Si cada periodista graba en su corazón este propósito y si todos se proponen cumplirlo, la solidaridad será un hecho, y dará a nuestra débil y oprimida prensa el vigor y la dignidad que necesita para ser estimada por el pueblo y respetada por el Poder.

Señor director: hacemos un llamamiento lo mismo a su inteligencia que a su corazón; lo mismo a sus intereses de periodista que a sus sentimientos de hombre, para que se sirva tomar en cuenta las ideas que dejamos expresadas, para que contribuya a la realización de la solidaridad entre la prensa y para que, por ahora, defienda y ayude a los cinco periodistas que hemos mencionado, protestando contra la injusticia que sufren, por una parte, y por otra excitando al público liberal a que los auxilie de la mejor manera posible. Al efecto manifestamos a usted que lo que se dirija a los señores Escoffié, Pérez Ponce y Vadillo, debe ir a cargo del sr. Lic. Tirso Pérez Ponce,[11] calle 62, núm. 449, Mérida, Yuc.; lo que se destine al señor Gurrión se le debe dirigir a Reforma 14, Oaxaca, Oax., y lo que se mande al señor Martínez, debe llevar la dirección de Espalda de San Juan de Dios, núm. 1 y medio, México, D.F.

Si, como lo esperamos, dispensa usted buena acogida a nuestras proposiciones, mucho le estimaremos se sirva dar cabida a la presente en las columnas de su ilustrada publicación, por lo cual le anticipamos nuestro reconocimiento en nombre de la causa de unión y fraternidad que perseguimos.

Reforma, Libertad y Justicia.

 

St. Louis, Mo., 26 de mayo de 1906

Por la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano.

Presidente Ricardo Flores Magón

Secretario Antonio I. Villarreal

 

 

Sr. Director de                                                                           

La anterior Circular ha sido dirigida por la Junta Organizadora del Partido Liberal a la prensa mexicana independiente. Tenemos la seguridad de que será atendida, porque el propósito que encierra es benéfico y levantado, y alentamos la esperanza de que se establezca al fin en el perseguido gremio periodístico la solidaridad que tanto necesita para ser fuerte y respetado.

 

 

 

[1] Regeneración, San Luis, Mo., 3a. época, núm. 9, 1 de junio de 1906.

[2] Tomás Pérez Ponce (1862?-1945). Periodista liberal yucateco. En 1894 dirigió el periódico El Libre Examen, opositor al gobierno local, clausurado al año siguiente. Fue encarcelado en varias ocasiones por sus labores periodísticas. En 1908, fundó en Mérida el Círculo Libertario, clausurado al año siguiente. A la caída de Díaz tuvo algunas diferencias con Madero. Diputado local en 1912. Participó en la fundación de la COM en la ciudad de México y, posteriormente, en la organización de la sucursal en el estado. Llegó a la presidencia municipal de Mérida en 1915, postulado por la Convención Política de la Casa del Obrero local. En 1917 fundó el Partido Democrático Independiente, mismo que en 1920 se opuso sin éxito a Felipe Carrillo Puerto.

[3] Carlos P. Escoffié Z. Periodista y caricaturista yucateco. Fundador del semanario liberal El Padre Clarencio (Mérida, Yuc., 1903-1909; Campeche, Camp., 1909). Fustigó a la oligarquía henequenera con caricaturas de corte antiesclavista, antiimperialista y antirreeleccionista. Perseguido y encarcelado varias veces, vivió en el exilio. En 1911 dirigió Pólvora y Dinamita (Mérida, Yucatán).

[4] José A. Vadillo. En 1897, director de La Metralla (Mérida, Yuc.), periódico de caricaturas opuesto al gobernador Carlos Peón. Director y propietario de Verdad y Justicia (Mérida, 1904).

[5] Adolfo C. Gurrión (1879-1913). Oriundo de Juchitán, Oax. Profesor y periodista. Redactor de El Estandarte en 1902. Formó parte de la Asociación Juárez fundada en la capital oaxaqueña el 17 de mayo de 1901. Fue su secretario en 1905, y representó a su ala radical, a la que pertenecieron: Emerenciano Fernández, Miguel Maraver Aguilar, Carlos Pérez Guerrero, Ismael Caballero, Gaspar Allende, Plutarco Gallegos y Ángel Barrios; todos ellos miembros del PLM. Junto con Plutarco Gallegos editó La Semecracia. Corresponsal de Regeneración en Oaxaca, a partir de marzo de 1906. Fue arrestado en abril de 1906, acusado de injurias y difamación por autoridades menores oaxaqueñas denunciadas en su periódico. Estuvo preso hasta 1908 y en ese año emigró al Distrito Sur de Baja California. En 1912, fue elegido diputado federal, incorporándose al bloque renovador de dicha legislatura. Murió asesinado en Juchitán el 16 de agosto de 1913.

[6] Paulino Martínez. Periodista. Nació en Celaya, Gto., el 22 de junio de 1862. Participó en la conspiración del general Trinidad García de la Cadena y Mariano Escobedo contra Porfirio Díaz. En 1888 publicó El Chinaco; tras la clausura y confiscación de su imprenta se refugió en Laredo, Tex., donde volvió a sacar su periódico. Participó en el movimiento antiporfirista de Catarino Garza, Ignacio y Cecilio Garza, Emeterio Chapa y Jesús Ruíz Sandoval y fue encarcelado en San Antonio, Tex., por violación a las leyes de neutralidad. Tras su salida publicó La Voz de Juárez y las Memorias de Lerdo, ambas en San Antonio. Doce años después regresó a México y refundó La voz de Juárez en la ciudad homónima. En 1906 entró a la cárcel; su fianza la pagó Francisco I. Madero. Defendió la huelga de Río Blanco y dio asilo a sus dirigentes José Neira y Samuel A. Ramírez; publicó El Insurgente en 1908. En octubre de 1909, salió de México y llegó a San Antonio, Tex. En 1910 publicó El Monitor Democrático, “Periódico político liberal, por el pueblo y para el pueblo”. Cercano a Madero, quien le encargó la negociación con los Flores Magón, colaboró en la fundación del Centro Antirreeleccionista, sin embargo, rechazó los tratados de Ciudad Juárez. Presidió la delegación zapatista a la Convención de Aguascalientes. Murió asesinado por orden de Francisco Villa el 13 de diciembre de 1914 en San Bartolo, Naucalpan.

[7] El Padre Clarencio, Mérida, Yuc. (1903-1909). Director: Carlos P. Escoffié Zetina. Censuró a la oligarquía henequenera del estado. En 1905 trabajó en favor de la Unión Popular Antirreeleccionista de la capital yucateca. De junio a diciembre de 1909 se publicó en Campeche.

[8] Verdad y Justicia, Mérida, Yuc. (1904). Director y propietario: José A. Vadillo. Denunció las censuras de que eran objeto otras publicaciones en el estado y reseñó los ataques y las protestas contra la reelección de Olegario Molina Solís.

[9] La Semecracia, Oaxaca, Oax. (marzo de 1906). Directores: Adolfo C. Gurrión y Plutarco Gallegos, quienes fueron procesados por difamación al juez Francisco Canseco, al que criticaron y llamaron “famélico can seco”. Publicaron fuertes críticas contra el régimen de Emilio Pimentel.

[10] La Voz de Juárez, México, D.F. (1908-1913). Director: Paulino Martínez. Continuación del periódico homónimo que dirigió el propio Martínez en Ciudad Juárez en 1907. Simpatizó con el zapatismo.

[11] Tirso Pérez Ponce. Periodista yucateco. En Mérida dirigió La Razón Social (1890- 1893) y La Unión Popular (1905 y 1906). Colaboró en Verdad y Justicia de José A. Vadillo. Denunció la esclavitud en las haciendas henequeneras.