Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. Proclama a la Nación. (septiembre de 1906)[1]

Conciudadanos: En legítima defensa de las libertades holladas, de los derechos conculcados, de la dignidad de la Patria pisoteada por el criminal despotismo del usurpador Porfirio Díaz; en defensa de nuestro honor y de nuestra vida, amenazados por un Gobierno que considera delito la honradez y ahoga en sangre los más legales y pacíficos intentos de emancipación; en defensa de la Justicia, ultrajada sin tregua por el puñado de bandoleros que nos oprimen, nos rebelamos contra la Dictadura de Porfirio Díaz, y no depondremos las armas que hemos empuñado con toda justificación hasta que, en unión de todo el Partido Liberal Mexicano, hayamos hecho triunfar el Programa promulgado el día 1 de julio del corriente año, por la Junta Organizadora del Partido Liberal.

Los excesos cometidos a diario por la Dictadura en toda la extensión de nuestro infortunado país, los atentados contra el derecho electoral, contra el derecho de reunión, contra la libertad de imprenta y de discurso, contra la libertad de trabajo; las hecatombes con que sofoca el Gobierno las manifestaciones de civismo, los asesinatos y los robos que cínicamente y en todas partes cometen las autoridades, el desprecio sistemático con que tratan al mexicano los actuales gobernantes, las consignaciones a los ciudadanos independientes, los empréstitos enormes con que la Dictadura ha comprometido a la Nación sin más objeto que el enriquecimiento de unos cuantos opresores, la indignidad de nuestros tiranos, que han solicitado la invasión de nuestro territorio por fuerzas extranjeras, y en una palabra, todo ese cúmulo de iniquidades, de opresiones, de latrocinios y de crímenes de todo género que caracterizan al gobierno porfirista, ameritan ser detenidos y castigados por el pueblo, que si durante treinta años ha sido respetuoso y humilde con la vana esperanza de que sus déspotas volvieran al buen camino, hoy que se ha convencido de su error y se ha cansado de soportar cadenas, sabrá ser inflexible en la reivindicación de sus derechos.

Los crímenes cada día mayores de la Dictadura, y la imposibilidad de ser atendidos por medios pacíficos, pues cuantas veces hemos querido ejercitar un derecho hemos sido atropellados por los tiranos, nos precipitan a la Revolución; los que en ella vean un mal, no culpen al pueblo que durante treinta años ha sido de sobra pacífico y sufrido; culpen a la tiranía, que por sus desenfrenos y su despótica intolerancia nos ha hecho preciso recurrir a la fuerza de las armas para defender nuestros derechos y realizar nuestras justas y honradas aspiraciones.

No hay tras de nuestro movimiento miras ambiciosas ni personalismo. Luchamos por la Patria, por todos los oprimidos en general, por el mejoramiento de todas las condiciones políticas y sociales de nuestro país, para beneficio de todos. Nuestra bandera de lucha es el Programa del Partido Liberal. La única autoridad que reconocemos mientras se establezca un Gobierno elegido por el pueblo es la Junta Organizadora del Partido Liberal. Somos una fracción de ese gran partido que ha luchado y luchará hasta vencer por la redención de la Patria, y obramos de acuerdo con nuestros correligionarios del resto del país que, como nosotros, se han levantado en armas en esta misma fecha contra la actual corrompida administración que no tardará en ser derribada y que en estos momentos ya tiembla ante el formidable movimiento revolucionario que estremece todos los ámbitos de la República Mexicana.

Hacemos un llamamiento a los oficiales y soldados del Ejército Nacional para que, lejos de servir a la vil Dictadura que deshonra a la Patria y la traiciona, se unan al movimiento libertador. Ellos son hijos del pueblo como nosotros; sobre ellos pesa el mismo yugo que a todos nos aplasta; ellos también son mexicanos y tienen el deber de luchar por la dignidad y por el bien de la Patria, y no por el bien personal de un déspota ladrón y sanguinario como Porfirio Díaz.

A los jefes y oficiales en servicio de la Dictadura que se pasen a las filas liberales se les concederá un ascenso de dos grados sobre el que tengan; a los soldados rasos se les pagará un peso diario libre de gastos, y a las clases se les darán sueldos equivalentes.

A los extranjeros les advertimos que nada pretendemos contra ellos. Pero también les recordamos el deber que tienen de ser neutrales en los asuntos políticos de México, en los que no tienen derecho a intervenir. Prestaremos a las personas y propiedades de los extranjeros todas las garantías que nos sea posible, pues por el interés de nuestra querida Patria y de nuestra propia causa no queremos dar lugar a conflictos internacionales; pero los extranjeros que, faltando a la neutralidad, sirvan al Gobierno y nos combatan, no pueden esperar ninguna consideración de nuestra parte.

Reforma, Libertad y Justicia.

septiembre de 1906

 

 

 

 

[1] Regeneración, 1900-1918. La corriente más radical de la Revolución de 1910 a través de su periódico de combate, prólogo, selección y notas de Armando Bartra, México, Hadise, 1972, pp. 214-216.