RUTA MAGÓN

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Los Ángeles, California

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Ricardo relata: “El lunes 10 de este mes (de julio de 1911), por la mañana, me dirigía a la corte federal a responder del cargo que tenemos encima de fomentar una revolución contra los bandidos del capital y de la política, cuando me salieron al frente los polizontes federales diciendo que tenían una nueva orden de arresto contra mí. Cargaron conmigo a la cárcel y quedé otra vez bajo las garras de Taft, de Madero y de los vampiros de Wall Street […].

“Nueve días estuve esta vez en la cárcel, hasta que nuestro abogado Job Harriman después de tremenda lucha con los fiscales de la corte federal, logró que se redujera la fianza mía a cinco mil dólares. Las abnegadas amigas nuestras Sras. C. V. de Laurenzana y J. A. Corker, dieron desde luego sus firmas para ponernos en libertad a Librado Rivera y a mí, el 18 de este mes”.

18 de abril de 1912. “El 18 de este mes asistimos a la Corte Federal de los Estados Unidos, pues estábamos citados para ser juzgados, como lo saben nuestros compañeros, por el supuesto delito de violación a las leyes de neutralidad.

“En los corredores de la Corte, tuvimos el gusto de estrechar la mano de muchos de nuestros queridos camaradas que, sabedores de que íbamos a ser juzgados, dejaron su trabajo para demostrar con su presencia que saben ser solidarios […].

“El salón de la Corte, a pesar de ser tan amplio, estaba literalmente lleno… todo, el calor, la Autoridad, la Ley, el gendarme, el espía apestoso, contribuía a hacer enojoso aquel espectáculo que no tiene ya razón de ser en este siglo[…]. “Lo único agradable era la presencia de nuestros queridos camaradas que no quisieron dejarnos solos en manos de la ‘justicia’. Pudimos ver que un buen número de ellos, llevaban en sus humildes, pero honrosísimas blusas, ya el botón de la Bandera Roja, que es el botón del Partido Liberal Mexicano, o bien el botón que contiene la simpática figura del nunca bien llorado Práxedis G. Guerrero. ¡Bien, hermanos!

“Cerca de las once de la mañana, el juez, después de rascarse la cabeza, de apretar la boca en actitud pensativa, determinó que se viera nuestra causa el jueves 25 de este mes. Ese día tendremos que comparecer nuevamente ante la Corte Federal.

“Hay algunos pinacates que andan diciendo que todos los que simpaticen con nosotros, serán enviados a la cárcel. ¡Escupid el rostro de esos miserables!

“La próxima vez, llevad todos el botón del Partido Liberal Mexicano, como un reto gallardo a los cuicos de la secreta.

“Otra vez comparecimos ante el juez de nuestra causa, hoy 25 de abril, y otra vez más tuvimos el gusto de estrechar las honradas manos de proletarios dignos que fueron a demostrar con su presencia, que no estamos solos, que contamos con los hijos del pueblo, que de nuestra parte están los creadores de la riqueza del sur de California.

“Esbirros y curiales se hablaban en secreto señalando los botones que, con orgullo, llevaban en sus pechos las valerosas compañeras y los leales camaradas que nos honraron con su presencia en la Corte.

“No pudo verse nuestra causa este día, por estarse ventilando un importante caso en la Corte. Estamos citados, ahora. Para el día 4 de junio a las diez y media de la mañana”.

Los cuatro acusados de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano, Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Anselmo L. Figueroa, se presentan en la Corte Federal, ubicada en el cuarto piso del edificio de Correos de Los Ángeles, el 4 de junio de 1912. Ese día se realiza la primera diligencia en el juicio contra los miembros de la Junta. Por inasistencia de uno de los miembros del jurado, éste no puede constituirse. El ambiente del lugar lo dibuja un incidente. Contra la tradición de ponerse de pie a la entrada del “honorable juez de Distrito Olin Wellborn”, el público mayoritariamente mexicano no lo hace, pero cuando ingresan en la sala los acusados la asistencia se levanta, y prorrumpe en gritos solidarios. Desde ese momento el ofendido Olin intentará deshacerse de la audiencia. “Los mexicanos no tienen la culpa de que el gobierno, después de derrochar cuatro millones de dólares para construir el edificio, haya resultado muy limitado de capacidad el salón de jurados” –ironiza Magón.

Luego de las tres semanas, en ese recinto fueron condenados a 23 meses de prisión. Ese día fueron arrestados 18 simpatizantes, tras el motín que se desarrolló en la calle.

En una nota anónima publicada en su número 111 (12 de octubre de 1912), Regeneración acusó a las autoridades estadounidenses de haber fabricado “una burdísima trama” en la que se usó, para testificar en contra de sus compañeros, “a individuos de la más baja especie pagados por el representante del gobierno de Madero, detectives pagados por el mismo, y […] aventureros chasqueados que fueron a México en busca de botín”.

Un Ricardo Flores Magón enfermo regresará, junto con su hermano Enrique, a esta Corte cuatro años después, en junio de 1916, para enfrentar un nuevo juicio, esta vez acusados del uso del correo para el envío de escritos que incitan a la “violencia, el asesinato y la traición”. Por su condición de salud, Ricardo delega en su hermano su defensa: “Debido a la enfermedad  de mi hermano, que le impide dirigir la palabra a este tribunal, lo hago yo a su nombre y el mio”, comenzó así su discurso Enrique, mismo que terminará con estas palabras premonitorias, al menos en cuanto a la suerte que correrá su hermano: “Una sentencia penitenciaria para nosotros es igual que una de muerte, puesto que estamos enfermos”. La sentencia se promulgará en agosto de 1918.